solar.general Fwd: escuchatorio por dr. maglio ot

excelente!
tiene un montón de enseñanzas interesantes,
entre ellas, hay una frase que me gustó mucho:

“nadie en su profesión es mejor de lo que es como persona”
“si es un mal tipo, va a terminar siendo un mal profesional…”

aquí el video, para los que prefieren ver y escuchar hablar a las personas. http://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=62624

saludos
R.

Le Tuesday 22 December 2009 03:09:56 Pablo Manuel Rizzo, vous avez écrit : > Un texto y un video para que usted distribuya entre todos sus colegas, > amigos, pacientes. El autor de un libro imprescindible, “La necesidad del > “otro ” – Francisco “Paco” Maglio – nos > acompaña a reflexionar sobre el tema. Entre tanta información impersonal y > ajena *IntraMed* le ofrece una isla repleta de afecto y pasiones humanas > que rescatan los motivos que justifican ser médico, incluso hoy, inclusa > acá. ¡No se lo pierda!
>
> *Por Dr. Francisco Paco Maglio *
>
> Decía Lain Entralgo que la relación médico-paciente (RMP) es el encuentro > entre dos menesterosos, dos necesitados, uno que quiere curar y otro que > quiere que lo curen (1)
>
> Enfocada esta relación solamente en la necesidad del* “curar”* obviando el
> * “cuidar”* (socráticamente la *“tekné”* y el *“medeos”* respectivamente), > resulta alienante tanto para el médico como para el paciente.La RMP se
> “tecnologiza” y se “despersonaliza”, por eso es alienante, desparece el > “otro” como persona.Para el paciente, el médico es un técnico con > guardapolvo que extiende recetas y para el médico, el enfermo es un “libro > de texto”, con signos y síntomas que hay que interpretar y codificar >
> En este tipo de RMP desaparece la *“otredad”* humanizada, son > dos*“yoidades” * despersonalizadas, un (des)encuentro. Desaparece aquel > concepto de enfermo de Miguel de Unamuno(2):* “un ser humano de carne y > hueso que sufre, piensa, ama y sueña”*. Esta despersonalización lleva al > desgaste, al desánimo y a la desesperanza, tríada característica del > burnout.
>
> Esta “medicina basada en la evidencia”(3) en la que el paciente es un dato > estadístico y el médico un administrador, más allá de su eventual valor
> técnico-científico, la debemos “des-alienar” con una *“medicina basada en
> la narrativa”* (MBN) que no se opone a la visión médico-técnica sino que la > enriquece con la visión *desde *el paciente(4).
>
> La MBN consiste básicamente en las subjetividades dolientes ( más que en > las objetividades medibles), esto es, lo que el enfermo *siente *qué es su > enfermedad, la representación de su padecimiento, la experiencia social de > lo vivido human como enfermo.
>
> A un adolescente con granos en la cara le decimos: *“vos tenés acné” *pero > él *siente *vergüenza.
>
> Cuando le decimos a un paciente, *“vos tenés sida”*, el *siente * > discriminación.
>
> Para la medicina basada en la narrativa, más que en el interrogatorio se > necesita un *“escuchatorio”*, más que un *“dígame”* y un oir es un * > “cuénteme”* y escuchar.
>
> Un aforismo hipocrático ya lo manifestaba hace 2500 años: *“Muchos > pacientes se curan con la satisfacción que le produce un médico que los > escucha” *(5)
>
> Con la MBN podemos desentrañar el verdadero proyecto de vida del paciente y > esto es trascendental porque constituye el “motor” para vivir tanto en la > salud como en la enfermedad.
>
> En palabras de Nietzsche: *“cuando se tiene un **por qué vivir**, se tolera > cualquier **cómo vivir**” *(5)
>
> La narrativa en sí misma es terapéutica no sólo para el paciente sino > también para el médico, porque al “re-personalizar” esa relación la > “des-alieniza”, vuelven a ser dos personas, dos seres humanos en un > encuentro de “inter-fecundadidad”.
>
> Es la “yoidad” a través de la “otredad”. Como decía Levinas:* “yo no soy el > otro, pero necesito al otro para ser yo” *(6)
>
> Ya no serán “médico-robot” y “enfermo robot”, sino médico-persona y > enfermo-persona. Renacerá el ánimo y la esperanza, desaparecerá el desgaste > y en consecuencia también el burnout.Pacientes y médicos *se sentirán
> *útiles entre sí: RMP será una relación solidaria y “des-medicalizante”.Al > sentirse *kantianemente* personas, tendrán dignidad y no precio, serán > sujetos y no objetos, se convertirán en fines en sí mismos y no en medios. >
> *“En los hospitales hay gente que se muere con hambre de piel”** * >
> Relataré algunas experiencias personales con la MBN:
>
> *
> “Me siento leproso”**
> *
> Un paciente afectado de Estafilodermia Psoriasiforme (el enfermo tiene > profusión de escamas en todo el cuerpo) era rechazado ( debido a su > aspecto) por familiares y amigos. Al preguntarle cómo se siente, me dijo:
> “me siento leproso”. Esa era la experiencia social de su padecimiento, más > allá de lo biológico.
>
> Al conocer esa narrativa me expliqué por qué la cortisona (medicación > electiva) que estaba tomando hacia un mes, no surtía efecto.Una persona > desafectivizada, excluida es un inmuno deprimido (la psicoinmunología lo > ha demostrado) y con la cortisona se estaba deprimiendo más.Hablé con la > familia y los amigos y les expliqué que hasta que no volvieran a > comportarse con él como antes, con afecto y respeto, sobreponiéndose a la > impresión de su aspecto, no se iba a curar. Así lo entendieron y actuaron. >
> A los diez días se había curado, manteniendo la cortisona. A la eficacia
> biológica se había agregado la eficacia simbólica, que la psicoinmunología > ha demostrado que actúa por los mismos intermediarios inmuno-cito-químicos; > no es simplemente sugestión.
>
> *
> “Doctor, me toma el pulso”*
>
> En una oportunidad una viejita (el diminutivo es cariñoso) me pidió que le > tomara el pulso. Miré el cardioscopio y sin acceder a su pedido, le > dije:*“tranquila abuela, tiene 80, está muy bien”
> *. Pero me seguía pidiendo que le tomara el pulso y ante su insistencia le > pregunto por qué, ya que la máquina era muy confiable y me contestó: “*es > que aquí nadie me toca*”. La palpábamos pero no la tocábamos. >
> Razón tenía Benjamin cuando dijo:* “en los hospitales hay gente que se > muere con hambre de piel”*. En nosotros está saciarla.
>
> Los *proyectos de vida *son fundamentales, a tal punto, que podemos afirmar > que más allá del comienzo biológico de la enfermedad (el día que aparecen > los primeros síntomas), en sentido antropológico nos enfrentamos el día en > que debido a esos síntomas, se ve interrumpido nuestro proyecto de vida. > Por el contrario, empezamos a “sanarnos” el día en que a pesar de esos > síntomas podamos reiniciar dicho proyecto.
>
> *“Doctor, ¿me puede abrazar?”*
>
> Relataré algunas experiencias que avalan estas posturas
>
> *“Eto non é vita”*
>
> Don Antonio (italiano, 75 años) era un hombre sano, pero a requerimiento de > su familia le hago un “chequeo”. Dada su edad los valores de laboratorio > estaban un poco por encima de los normales, nada significativo. Como médico > recién recibido y con poca experiencia, le indiqué un estricto “régimen > higiénico-dietético” dentro del cual estaba la prohibición absoluta del > alcohol.
>
> A la semana, la familia me llama porque Don Antonio estaba enfermo y al > revisarlo, realmente no estaba bien: hipotenso, adinámico, asténico. Cuando
> le pregunto cómo se sentía, me dice en un enternecedor cocoliche: *“eto non > é vita”*.* *Como no le encontraba explicación, le pregunto a la familia si > en esa semana había pasado algo que lo pusiera mal. Me dicen que desde que
> le instalé ese régimen no salía, y a dónde salía? pregunté. Me explicaron > que *todos los días* invariablemente iba al bar de la esquina a tomar un > “vermutino” con unos amigos veteranos de la guerra en Abisinia.Entonces > comprendí: ese *“vermutino”* con los amigos era su proyecto de vida y al
> desconocerlo, mi prescripción se había convertido en una “proscripción”. > Fue suficiente que volviera a esas salidas para que desaparecieran los > antes mencionados síntomas.
>
> *
> “Ese es mi proyecto de vida”*
>
> A veces los pryectos de vida no son tan obvios y se necesita profundizar en > la narrativa. Una buena estrategia es pedirle al paciente que nos relate un > día habitual de su vida cuando estaba sano.
>
> Un pastor protestante estaba en una unidad coronaria por un infarto agudo > de miocardio con un angor inestable, asociación de gravísimo pronóstico. >
> En el relato a que nos referimos manifiesta lo siguiente: “Me levanto muy > temprano, rezo, estudio, ordeno el templo (hablaba muy nervioso y > angustiado, lo que se reflejaba en el cardioscopio por su gran > inestabilidad eléctrica), y por la tarde vienen unos feligreses con los que > tenemos un grupo de reflexión (a esta altura del relato se va calmando, no > estaba tan nervioso, lo que se refleja también en el trazado > elctrocardiográfico), y si viera, doctor, qué bien nos hacemos, yo a ellos > y ellos a mí, pero ahora vaya a saber dónde están y yo aquí rodeado de > tubos y aparatos” (vuelve a ponerse nervioso y también su co-relato en el > cardioscopio). Le pregunto si ese grupo de reflexión era muy importante > para él y después de pensar un poco me dice: “ahora que no lo puedo hacer > me doy cuenta que *ese es mi proyecto de vida*”
>
> Se localizó a ese grupo y dos veces por día, media hora, concurrían a la > unidad coronaria y restablecieron aquel contacto. A los 3 días seguía el > infarto pero había desparecido el angor inestable: Se había reintegrado a > su proyecto de vida.
>
> *
> “No me dejen morir”*
>
> Teresita era una joven que a la mañana siguiente de su fiesta de 15 años > amanece con una cuadriplejía por una poliomielitis. Estuvo once años en un > pulmotor moviendo nada más que la cabeza. Nunca en mi vida profesional > conocí a alguien tan aferrado a la vida. Había aprendido a dibujar con la > boca y hacía tarjetas de Navidad que las mandaba al Hospital de Niños: era > su proyecto de vida.
>
> Un día se complicó con un cuadro abdominal agudo por una apendicitis. En > esa época no existían los respiradores modernos que permiten que el > paciente esté *afuera *del aparato; en el pulmotor estaba *adentro *y para > revisar al enfermo se le ponía una campana con aire a presión cubriendo la > cabeza. Este procedimiento permitía abrir el pulmotor pero por un lapso de > no más de 15 á 20 minutos.
>
> En esta situación la revisamos comprobando el abdomen agudo y ante la > imposibilidad de la cirugía ( dado el escasísimo tiempo disponible) > cruzamos nuestras miradas como diciendo: “Dios se apiadó de ella”. Cuando > sacamos la campana y volvimos a poner a Teresita dentro del pulmotor me > dijo (como adivinando nuestro pensamiento): *“Paco, háganme todo, hasta lo > imposible, pero **no me dejen morir**, mirá que los chicos del Hospital de > Niños esperan mis tarjetas”.*
>
> Ante ese pedido, un cirujano, uno de los más brillantes que he conocido, se > animó y la operó fuera del pulmotor (dentro era imposible) con la > mencionada campana. La operación duró exactamente *12 minutos *y Teresita > vivió 7 años más, mandando sus tarjetas al Hospital de Niños. >
> *
> “Doctor, ¿me puede abrazar?”*
>
> Tenía que dar la tristísima noticia a una mamá que su hijito de 7 años con > un sida terminal (post-transfusional, al comienzo de la epidemia), se iba a > morir. Dije la consabida frase *“ya no hay nada que hacer” *a lo que la
> mamá me contestó: *“sí hay por hacer”*. *“Qué puedo hacer?” *le pregunté y > con lágrimas en los ojos me dijo: *“**Doctor, ¿me puede abrazar?**”* >
> Nunca volví a decir *“no hay nada que hacer”*, sino *“ya no hay nada que > tratar, como médico ya no puedo hacer nada, pero como persona, ¿puedo hacer
> algo por usted?” *Y siempre se puede hacer algo. Cuando ya no hay “tekné”, > siempre hay “medeos”.
>
> Estamos (mal) acostumbrados a decidir por el paciente pensando que nuestras > decisiones son las mejores, pero éstas pertenecen siempre al enfermo y no a > nosotros, por mejor intencionados que estemos.
>
> Ante un paciente terminal frecuentemente (y muchas veces a pedido de la > familia) aumentamos la dosis de sedantes para que no sufra, para que “no se > de cuenta”. Pero, ¿siempre es así?. En muchas ocasiones debemos tener el > coraje (porque no es fácil) de avisarle al enfermo de sus últimos momentos. >
> En la Edad Media la gente elegía a un amigo que tenía la obligación de > anunciarle su final. Le llamaban el *“nuncius mortis”*. >
> ¿Por qué debemos proceder así?Porque la inminencia de la muerte es el > momento reflexivo más trascendente de la vida, el momento de las grandes > decisiones y no me refiero solamente a las testamentarias sino, más > importante aún, las afectivas. En mi experiencia de años en terapia > intensiva fueron muchos los pacientes que me decían: “cuando llegue el > momento, no quiero sufrir pero quiero estar lúcido”
>
> Relataré algunas de ellas:
>
> *
> “Llamen a un juez”*
>
> Un paciente en esas condiciones pidió: “llamen a un juez”. Vivía en > concubinato hacía 10 años. Llegó el juez, llamó a su concubina y… *se > casó!!!!* Me dijo: *“recién ahora me atrevo”*.
>
> Falleció al día siguiente.
>
> *
> “Doctor, llame a este teléfono”*
>
> En similares circunstancias, un paciente me dio un nº de teléfono y me > pidió que llamara y a la persona que atendiera le dijera que él estaba > internado y quería verlo.
>
> Cumplí su deseo y al rato llegó un señor corriendo preguntando dónde estaba > el paciente. Fue a su cama, quedó inmóvil unos segundos y se entrelazaron > en un estremecedor abrazo y lloraron un largo rato.. Cuando se fue, el > paciente me llamó y me dijo: “Doctor, gracias por la gauchada de llamar por > teléfono. El que se fue es mi hermano. Hace 15 años lo eché de mi casa, lo > eché mal, yo tenía la culpa. Nunca tuve el coraje de pedirle perdón, ahora > que sé que voy a morir, recién ahora me atreví a pedirle perdón y me > perdonó”
>
> Tuvo un gesto que nunca voy a olvidar. Me tomó las manos y me dijo: > *“Gracias por dejarme morir en paz”*
>
> Volví a la mañana siguiente, se había muerto la noche anterior. >
> Le pregunto a la enfermera de ese turno (para no inducirle la respuesta):
> “vos *estuviste cuando se murió ese enfermo, notaste algo diferente?”. *Me > respondió:* “Mira, Paco , en años de terapia intensiva nunca vi morir a > alguien con tanta paz, aún muerto parecía que estaba sonriendo”* >
> En conclusión y volviendo a las fuentes, uno de los aforismos de Hipócrates > lo revela con claridad meridian: “muchos enfermos se curan solamente con la > satisfacción de un médico que los escucha”, (se adelantó 2.500 años a > Freud)
>
> Dentro de una formación biologicista-positivista nos enseñan en la Facultad > de Medicina a interrogar y no a escuchar.
>
> Con el interrogatorio estamos *al lado* del enfermo pero con el > “escuchatorio” estamos *del lado* del enfermo.
>
> Ni más ni menos es la narrativa y lo más importante es que es terapéutica. >
>
> *Referencias:*
>
> * “La dignidad del otro” , Francisco Maglio, > editorial Libros del Zorzal 2009.
>
> *Bibliografía*
>
> 1.- Lain Entralgo: “La relación médico-enfermo”.Acento, Madrid,1990 > 2.- Unamuno M de: “El sentido trágico de la vida”. Espasa-Calpe, Madrid, > 1961.
> 3.-Feinstein A R: “Problems in the “Evidence” of “Evidence Based Medicine”. > A J of Med, Diciembre, 1997.
> 4.- Greenhalgh T: “Narrative Based Medicine”. BMJ.January, 1999 > 5.- “Hipócrates, Aforismos y sentencias” Ed. Del Zorzal, BsAs, 2009 >
> Imperdible
>
> http://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=62624 >
>
>
> Nos adherimos al pensar del doctor y agradecemos a Intramed que siempre > publica este tipo de artículos enriquecedores. Que mejor mensaje de fin de > año que escuchar y contener al paciente siendo buena persona además de > buen médico.
>
> Los médicos agradecidos y nos ponemos a escuchar sus palabras. >
>
>
> Patri
>
>
>
> http://www.tetocalactancia.blogspot.com

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